La ventana sucia

Ella siempre criticaba la ropa sucia de sus vecinos, pero solo una frase de su marido la hizo callar.

Nadie está libre de pecado, esa es una realidad. Muchas personas suelen ver, en sentido figurado, la paja en el ojo ajeno, pero ignoran o prefieren ignorar la suya propia.

Un antiguo proverbio dice que no se debe juzgar a nadie, pues uno mismo será juzgado. Esa es una verdad que la dama de esta historia comprendió por las malas. Esta mujer solía prestar especial atención a los asuntos de sus vecinos, sin tener en cuenta lo que sucedía bajo su propia nariz.

Este caso ilustra perfectamente un dicho popular: «Los que viven en casas de cristal no deberían arrojar piedras a los demás» ¿Qué opinas de esto? ¿Alguna vez te has enfrentado a una situación como esta?

La historia cuenta que una pareja de mediana edad se mudó a una nueva casa. Una mañana soleada la esposa, durante el desayuno familiar, miró por la ventana y descubrió que la ropa de sus vecinos, que estaba colgada en los cordeles del patio, no se veía muy limpia.

«¿Viste como tienen la ropa sucia? ¡Ella no sabe lavar! Habrá que regalarle algún detergente de buena calidad» — le comentó la mujer a su esposo, pero el hombre continuó leyendo el periódico sin inmutarse. Cada vez que en los vecinos colgaban la ropa, esta esposa regañona no perdía la oportunidad de lanzar alguna crítica.

Un mes más tarde, la mujer casi se atragantó con su té cuando comprobó que la ropa se veía tan blanca como la nieve. «¡Mira, ella por fin aprendió a lavar! Me pregunto quien le habrá enseñado?», le comentó a su marido.

El marido le respondió con calma: «Yo sólo me levanté temprano en la mañana y froté la ventana en la cocina».

La moraleja de esta historia nos enseña que para juzgar a los demás debemos mirar primero a través de una ventana bien limpia de nuestra casa, si entiendes a lo que me refiero. Para juzgar a tu prójimo primero debes juzgarte a ti mismo, pues nadie es perfecto. Comparte esta sabiduría con tus amigos, para que aprendan que quien no está libre de pecado no puede tildar de pecadores a los demás.