Chica sobrevive a un accidente de avión

Un avión de pasajeros se estrelló en la selva peruana, y solo una chica, de 17 años, logró sobrevivir… ¡Increíble!

En 1972, la historia del Perú grabó en sus páginas una triste tragedia: El vuelo 508 de LANSA, entre Lima y la ciudad de Iquitos, en plena selva peruana, fue impactado por un rayo, provocando su derribo. Como consecuencia, murieron más de 90 personas, y solo una logró sobrevivir, nuestra protagonista de hoy: Juliane Köpcke.

Por aquel entonces, la chica solo tenía 17 años de edad, y estaba cursando su último año en la preparatoria. Ella volaba junto a su madre, cuando sintió que el avión se adentraba en una tormenta y, de pronto, comenzó a caer desde una gran altura, justo por encima de la selva desierta. ¡Aun hoy, la gente se sorprende ante el hecho de que una joven, casi una niña, sola, asustada y herida, haya conseguido sobrevivir en la jungla, infestada de animales salvajes!

Juliane, hija de dos inmigrantes alemanes, había crecido en una familia de científicos: su padre se dedicaba a la biología, y su madre era una afamada ornitología (de hecho, al menos tres especies de aves tropicales llevan su nombre). En ese fatídico día, la chica y su madre pensaban encontrarse con su padre, para navidad, ya que este trabajaba en otra ciudad. ¡Al tomar el vuelo, Juliane jamás pensó que su vida estaba a punto de cambiar para siempre!

El avión de pasajeros, donde se encontraba Juliane, impactó de lleno en una zona de turbulencia muy fuerte. Los pilotos intentaron desviarlo de la tormenta, sin embargo, como se supo después, esa pudo haber sido la principal causa del accidente. Un rayo alcanzó al motor del avión, incendiando el tanque de combustible del ala derecha. Sin un ala, el avión quedó a la deriva, y comenzó a caer.

Con más de tres kilómetros de altura, el avión se estrelló en la selva tropical. Debido a la lluvia, el fuego no se propagó rápidamente. Sus restos quedaron ocultos bajo las copas de los árboles, razón por las que una expedición de búsqueda y rescate hubiera sido probablemente infructuosa. De los 93 pasajeros del avión, solo Juliane logró sobrevivir.

El accidente fue un duro golpe para la chica. Su cuerpo estaba cubierto de cortes profundos. Además, la pobre había sufrido una conmoción cerebral, y tenía fracturada la clavícula. Su visión tampoco estaba muy bien: con un ojo cerrado por la hinchazón, y sus gafas perdidas, la muchacha apenas podía ver…

Sin embargo, fueron sus conocimientos de supervivencia los que le salvaron la vida. Gracias a su padre, la chica tenía alguna noción de cómo sobrevivir en la selva. Al principio, permaneció al lado de su madre, esperando por algún otro sobreviviente. Pero, al final del cuarto día, cuando ya se encontraba un poco mejor, decidió salir en busca de la civilización, por sí misma.

Pero, antes debía equiparse con algunas reservas. Después de hurgar entre los escombros, en busca de alimento, Juliane sólo encontró una bolsa de caramelos. Luego, se dirigió a la corriente fluvial más cercana del lugar del accidente, y la siguió cuesta abajo. Como recordó más tarde la desafortunada, su viaje fue como una pesadilla.

El río estaba plagado de peces y serpientes. Por la noche, Juliane casi no podía dormir. Legiones de insectos amenazaban con drenarle la vida, le dolían las lesiones, pero, la peor parte se la llevó su hombro derecho: La herida inflamada se había infectado de larvas la mosca azul. Sin embargo, a pesar de todo, ella continuó avanzando tenazmente, en busca de algún lugar habitado…

Sólo al décimo día de vagar por la selva, Juliane descubrió una cabaña de leñadores. Había una canoa, y pudo habérsela llevado, pero decidió esperar por sus dueños. Eso sí, antes que nada, se deshizo de las larvas, desinfectando la herida con gasolina. Los hombres, al verla, pensaron que se trataba de algún fantasma del bosque, pero, gracias a su dominio del idioma español, la chica logró explicar rápidamente su tragedia. A la mañana siguiente, la llevaron a la civilización.

Han pasado muchos años desde el accidente. La chica regresó a Alemania, y decidió seguir los pasos de su padre. Hoy, la Dra. Juliane Diller es una destacada mastozoóloga, especialista en murciélagos.

Un libro autobiográfico, y un par de películas (I miracoli accadono ancora, 1974, y Wings of Hope, 2000), fueron inspirados en los sucesos del siniestro, y en el milagroso rescate de Juliane.

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