Un anciano pide ser enterrado con su dinero

Un mensaje para las personas que se dejan llevar por su amor al dinero…

En el mundo existen personas para quienes el dinero constituye la ley fundamental que rige sus vidas. Estas personas se convierten en esclavos de la avaricia, el derroche y el consumismo. Y no tiene importancia si el individuo tiene un nivel de vida holgado o no. Cuando el dinero se convierte en la esencia para él, desplazando a un lado la familia y los amigos, el individuo pierde los valores más importantes de su identidad, convirtiéndose en el prisionero de su propio estilo de vida.

Esta curiosa historia que Quepasada.cc ha traído para ti, constituye un claro ejemplo de esto y, a la vez, nos trae un mensaje muy importante de cómo pueden afectarse las relaciones interpersonales cuando una persona se deja llevar por su amor al dinero. Esta señora tuvo una idea muy original e inteligente.

Avaricia vs. Promesas
Esta es la historia de un hombre que dedicó toda su vida a acumular una importante suma de dinero.

Pero él creó una especie de adicción de ahorrar más y más, convirtiéndose en un verdadero tacaño. Cuando su vida estaba llegando a su fin, le dijo a su esposa:

«Presta atención: cuando me muera, deseo que todo mi dinero sea enterrado conmigo. Debes guardarlo todo en una caja, y colocarlo junto a mí en mi ataúd, pues deseo poder disfrutarlo en la otra vida». Su esposa le prometió de corazón que así lo haría. Finalmente un día, el anciano murió.

A su entierro asistieron su mujer, familiares y amigos, para oficiar la misa en su honor. Una vez concluida la ceremonia, justo antes de cerrar la pompa fúnebre, la esposa se levantó y pidió un segundo para despedirse. De su bolso extrajo una caja de zapatos, que con mucho cuidado colocó dentro del ataúd, antes de que este fuerra sellado.

Una amiga de la familia, conciente de la última voluntad del difunto, se acercó a la viuda y le dijo:

«Espero que no hayas cometido la locura de haber guardado en esa caja todo el dinero de ese viejo tacaño».

«Por supuesto que sí», — le respondió la anciana. — «Soy una buena cristiana y debo cumplir con su última voluntad».

«¿Quieres decir que te deshiciste de todo su patrimonio?», — le sensuró su amiga.

«Sí, tal y como le prometí», — contestó la esposa. — «Primeramente guardé el dinero en mi cuenta bancaria, y luego le extendí un cheque. Puede cobrarlo desde el otro mundo, cuando lo desee».

¡Ha sido una excelente respuesta a la avaricia! Comparte esta ingeniosa lección con tus amistades.