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Por qué nunca uso mi habitual bolsa de compras para recoger la basura

En los últimos años, se ha vuelto bastante popular la idea de que la pobreza es una consecuencia de un pensamiento específico. Si bien esta suposición tiene algunos antecedentes científicos, la realidad no es tan simple. Después de todo, difícilmente se puede salir de la pobreza simplemente desarrollando los así llamados hábitos de los ricos.

LOS HÁBITOS DE LOS RICOS

Recientemente, una amiga mía me regañó por usar las bolsas de las compras en las tiendas para desechar la basura. Al parecer, se trata de mezquindad y un signo de «mal pensamiento». «Es como si usáramos ropa vieja en lugar de trapos para el piso, como en tiempos pasados. Ahora existe la oportunidad de no hacer esto, entonces, ¿por qué generar pobreza?» – expresó mi amiga.

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Hablamos mucho sobre ganar dinero y usarlo racionalmente. En general, estuvo de acuerdo conmigo en gran medida. De hecho, el secreto del éxito radica en la distribución eficiente de fondos.

Pero le molestaba todo el tiempo que usara la palabra «economía». Ella dijo: «La economía constante te prepara para la pobreza. La gente se acostumbra a agregar centavo a centavo constantemente y, por lo tanto, siempre vives en la pobreza».

Ella argumentó que es difícil ahorrar dinero, esto requiere demasiado esfuerzo. Vas de compras a mayor distancia, buscas constantemente grandes ofertas, etc. Ella cree que es mucho más fácil gastar estas fuerzas en aumentar nuestros ingresos.

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Brillo falso

Creo que tal enfoque no habla de riqueza, sino del pensamiento filisteo muy real. Es como si la apariencia y forma de algunas cosas, o incluso otros conceptos más abstractos, se volvieran más importantes que su esencia.

Por supuesto, hay una pizca de racionalidad en sus palabras. No es que no tengan sentido, pero sus palabras son un poco extremas.

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No estoy de acuerdo con ella en la idea de que los ahorros no deberían existir. De hecho, ganar y ahorrar son procesos efectivos equivalentes. Se complementan maravillosamente entre sí.

Me parece que no hay «hábitos de los ricos» ni «hábitos de los pobres». Simplemente hay un uso racional de los fondos, y hay un desperdicio en aras de una falsa apariencia.

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Por supuesto, no iré al otro extremo de la ciudad, porque un vecino diga que allí los pepinos son 2 pesos más baratos. Pero si puedo reutilizar un paquete innecesario para tirar la basura, entonces no hay problema.

Aunque aquí debo objetarme de inmediato. Recientemente, dejé de comprar bolsas para transportar comestibles en las tiendas. Siempre llevo conmigo una bolsa de tela, que se pliega en una pequeña bola. Y no hago esto solo por el bien de la economía, sino por aportar mi granito de arena en pos de la conservación del medio ambiente.

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Recuerda que el mal radica en los extremos. No tienes que comprar solo las cosas más caras si quieres vivir una vida normal. Lo principal es poder satisfacer las necesidades básicas y encontrar una oportunidad para el autodesarrollo. No importa de qué manera lo hagas.

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