Historia de un conserje

Todos los días, después del trabajo, él se bañaba en una ducha pública, para esconder su secreto de la familia.

Esta conmovedora historia de amor nos llega desde Bangladesh. Se trata de un pobre hombre, que trabajó toda su vida como conserje, con el fin de asegurar un futuro brillante para sus amadas hijas.

El hombre vivió en la miseria durante años, ahorrando hasta el último centavo para la educación de su familia. Después de todo, él nunca tuvo esa oportunidad.

Nuestro protagonista de hoy es un padre de 4 hijas, a quienes ha criado con total dignidad, poniendo en ello toda su fuerza y empeño.

He aquí su historia:

«Nunca le hablé a mis hijas acerca de mi trabajo. Yo no quería que se avergonzaran de mí. Cuando me preguntaban qué estaba haciendo, siempre respondía que trabajaba como obrero.

Todos los días me bañaba en las duchas públicas, para que las niñas no supieran lo que estaba haciendo. Toda mi vida he querido darles a mis hijas una buena educación. Yo quería que eligieran una buena profesión.

Hice todo lo posible para que vivieran en la prosperidad. Siempre viví humillado y despreciado. Yo no quería que ellas fueran tratadas de la misma manera. Todo el dinero que gané, lo he invertido en la educación de mis hijas. Por eso, nunca me permití el lujo de comprar una camisa nueva.

Cuando a mi hija mayor le tocó ir a la universidad, por desgracia, no había logrado ahorrar suficiente dinero para su cuota de entrada. Eso me destrozó. Yo no podía trabajar. Me senté al lado de una pila de basura, y en silencio lloré. Mis colegas no me tocaron, aunque compartían mi dolor.

Realmente traté, pero fallé, y eso me hizo pedazos. Nacido en la pobreza, toda mi vida he querido que mi hija no compartiera mi destino. Pero, mi sueño no se hizo realidad…

De pronto, mis colegas de trabajo vinieron a mí, y me preguntaron si los consideraba mis hermanos. Antes de que pudiera salir de mis pensamientos, para responder, ellos me entregaron sus ganancias del día.

Traté de rechazarlo, pero me dijeron: «Si es necesario, nos morimos un día de hambre, pero tu hija va a la universidad». Eso me conmovió hasta la médula.

Ese día, por primera vez, llegué a casa sin lavarme.

Hoy, mi hija mayor ya se ha graduado de la universidad. Ella trabaja a tiempo parcial, y ya puede ayudar pagar la formación de sus hermanas menores. Mi familia ya no me deja trabajar.

Sin embargo, voy con mi hija mayor, varias veces a la semana, a visitar mi antiguo trabajo. Ella le de comer a mis amigos, diciendo: «Ustedes se murieron de hambre, por mi educación. Ahora es el momento de darles las gracias».

Hoy soy el hombre más feliz del mundo, y el más rico. Y mis hijas ya no son pobres».

Este hombre sencillo es un maravilloso ejemplo de amor, abnegación y sacrificio. Nunca debemos olvidar los sacrificios que nuestros padres han hecho por nosotros, por nuestro bienestar y futuro. ¡Agradéceles y cuida de ellos, tal y como solían cuidar de ti! Después de todo, eso es amor, la más bella expresión de amor.

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