Evolución de las muñecas sexuales

Muñeca sexual que luce mejor que tú y que yo. ¡Solo mírala!

La era de las muñecas sexuales comenzó hace mucho tiempo. Por cierto, su fundador fue el mismísimo Pigmalión, quien se enamoró irremediablemente de una estatua. Sin embargo, la primera mención de estas muñecas se remonta al siglo XV: los chicos de la alta sociedad se entrenaban, por así decirlo, con «mujeres de peluche».

Ahora la diversidad salta a la vista: la industria moderna del sexo con mucho gusto se compromete a complacerte con una «media naranja» que cumpla todas tus expectativas y mucho más. No es de extrañar que los principales fans de las muñecas sexuales sean los hombres. Pero vayamos sin prisa y conozcamos un poco de la evolución de estas muñecas.

Se dice que la primera muñeca, tal y como estamos acostumbrados a verla, apareció en Alemania, y el propio Hitler ordenó mejorarla para el beneficio de los soldados alemanes. Desafortunadamente para ellos, esto no fue de mucha ayuda.

Borghild era el nombre de la primera muñeca, construida por Dane Olen Hanussen, según las órdenes del Führer. Su estatura era de 176 centímetros, tenía el pelo rubio y piel blanca; verdadera aria, diseñada para despertar el deseo sexual de los alemanes, precisamente, por este tipo de mujeres. En Dresde, incluso fue construida una fábrica para la producción en masa de estas muñecas, que fue destruida al final de la guerra.

Vale la pena señalar que la idea de garantizar una pareja sexual para sus soldados no vino a la mente sólo a los alemanes. A finales de los años 30 del siglo pasado, Japón se incorporó a la industria de la creación de las muñecas. Esta industria recibió un gran impulso durante la Segunda Guerra Mundial.

Nada cambió hasta la década de los 80: predominaban las muñecas inflables, pero su uso sólo se restringía a las personas fetichistas o con alguna parafilia, ya que estas eran muy feas. Por otra parte, estos monstruos inflables, a menudo, se rompían y no eran seguras, debido al cloruro de vinilo en su composición. No en vano, su precio era de tan solo $ 50.

Todo cambió cuando Matt MakMalen decidió ponerle fin a estas feas muñecas y creó una Real Doll de silicona, la cual le regaló a Howard Stern. El escandaloso locutor, durante un programa en vivo, anunció a toda América que la «dama de silicona» le regaló unas emociones inolvidables.

Como resultado, fue fundada la compañía Abyss Creation, que desde entonces se dedica a la producción manual de las muñecas sexuales. Un centenar de «chicas» a la semana y 500 llamadas al día — es el rendimiento de la empresa.

Ensamblar a cada hermosura se requiere de 4 meses, pero para el cliente está disponible una variedad sinfín de opciones: desde el color de la piel hasta el volumen de los senos y los muslos. El color de los ojos, el cabello y todo lo demás se adapta al gusto del consumidor.

La muñeca está armada según el modelo humano, por lo que puede adoptar cualquier posición. Además, no se hunde y resiste una temperatura de hasta 300 grados centígrados, por lo que esforzarte mucho para estropearla. Algunas, incluso, se asemejan a personas reales, con una similitud excepcional.

Estas «tías» de silicona no son nada baratas, debido al material del que están hechas: vinilo y látex. Su principal productor es China, pero los mejores ejemplares se producen en Francia y Alemania. Otro detalle: los muñecos sexuales son cada vez más populares. Las estadísticas indican que ya se producen tantos muñecos como muñecas. ¡Por lo general, todos están equipados con una gran «herramienta» — para no defraudar!

He aquí algunas historias divertidas, asociados con las muñecas sexuales. Por ejemplo, un hombre llamado Davket vive con su muñeca de silicona desde hace 16 años. Su nombre es Sidora Bridget Kuroneko, y ella es un verdadero apoyo en la vida del hombre. La chica de silicona no pide nada, no arma escándalos y lo satisface a plenitud. ¡Qué más se puede pedir!

Otro hombre, cuyo nombre es Yuhre, compró una muñeca de uso, llamada Samantha, ante la insistencia de su esposa, que se sentía abrumada por su insaciable apetito sexual. Yuhre apreció a la muñeca y se divorció de su esposa, y dice que ahora se siente muy bien: Samantha no protesta, y juntos saludan al amanecer.

La pareja de Jay y C resolvieron la hipersexualidad masculina con una muñeca de silicona, por la cual la mujer no siente celos. La muñeca tiene su propio cuarto, e incluso, ambos cónyuges vigilan de cerca su vestuario, destinando cerca de $ 400 al mes.

El canadiense David Hockney tiene una pasión muy especial: él viaja por todo el mundo, acompañado de su «harén» de 14 muñecas sexuales de silicona, en las cuales invirtió más de 20 mil dólares. Ya han visitado muchos lugares, y en los planes de David está visitar todas las atracciones del mundo. También quiere hacer de estos viajes un documental. Curiosamente, esta afición no molesta en absoluto a su esposa.

Everard Cooney, de 55 años de edad, ha superado a todos. Este administrador de sistemas británico compró una Real Doll por 11 mil dólares y… ¡se casó con ella! La boda fue celebrada por todas las de la ley: una limusina, un vestido y un cura – ¡para la envidia de cualquier mujer!

Por cierto, este es su segundo matrimonio: la primera esposa Kuni, la muñeca sexual de 3 mil dólares, se echó a perder al término de tres años. Y las esposas de silicona, como bien se sabe, no tienen arreglo.

En Indonesia, milagrosamente, el océano arrojó a la costa una belleza de silicona. Los pescadores la tomaron por una divinidad. Este hecho incluso fue reportado por los medios de comunicación locales: «Este ángel fue encontrado cara abajo y estaba llorando…» Cuando los policías la miraron, lo que vieron fue una muñeca sexual. Como no disponían de Internet, no sabían para qué se utilizaba este juguete.

¡Y esa es la cosa! Por cierto, si no quieres gastar una fortuna, pero sí tienes deseos de probar, vete a Japón. Ahí encontrarás locales especializados, donde los clientes son atendidos exclusivamente por las «damas de silicona». Por solo 120 euros tendrás dos horas para probar a tu gusto y antojo. Y no olvides compartir tus experiencias con tus amigos en las redes sociales.