El tren le cortó las dos piernas a la mujer

Muchos la envidiaban, pero ella solo veía el vacío de su vida, hasta que tomó una decisión… ¡Mírala ahora!

A simple vista, la joven Helen Golsuorsi lo tenía todo: hija única de un famoso escritor, nacida en una familia rica y educada en una prestigiosa escuela privada. En fin… ¡Una vida perfecta!

Por desgracia, Helen tenía la cabeza en las nubes. En la escuela no era la más popular de todas. Por eso, para ganarse al menos algunos amigos, la chica se juntó con malas compañías, y sentó su trasero sobre las drogas. A los 18 años, ya tenía la impresión de que su vida se había quedado varada en algún rincón lejano y remoto.

Cuando Helen decidió irse de la universidad, todo terminó… Pensaba que el único camino para salir de su precaria situación era el suicidio, y, con la idea fija de acabar con su vida, tomó rumbo hacia el ferrocarril.

Acostada en los rieles, la suicida encendió el reproductor, y cerró los ojos. Pero, justo antes de la llegada del tren, de repente cambió de idea, y quiso levantarse. Como resultado, las ruedas no la cortaron en dos, pero sí le amputaron las piernas.

Debido a la enorme pérdida de sangre, Helen perdió la conciencia. Afortunadamente, en su auxilio llegó un desconocido, quien, casualmente, había ido a dar un paseo con el perro. Gracias a su llamada de emergencia, una ambulancia llegó a tiempo y salvó la vida de la suicida.

Al despertar, la chica se enfrentó a la cruda realidad. Era la primera vez que pensaba en sí misma como un fracaso absoluto. ¡No sólo que no podía cometer suicidio, sino que, en lo adelante, permanecería incapacitada para siempre! Sin embargo, unos años más tarde, su existencia encontró un nuevo sentido.

Helen pensó que las piernas cortadas y un estilo de vida poco saludable la privarían de la posibilidad de casarse y tener un bebé. Pero, el destino tenía otros planes. ¡Cuando nació el pequeño Thomas, finalmente, la mujer se encontró con la cima de la felicidad!

Por desgracia, el padre del niño pronto rompió con ella. Pero, eso no era el fin del mundo, así que Helen conoció a otro. ¡Hoy en día, la suicida se llama a sí misma una mujer muy afortunada!

Gracias a la llegada de Thomas, Helen se dio cuenta de lo que es realmente el significado de la vida. La mujer adora a su hijo, y está infinitamente feliz de que, aquel día terrible, su intento de suicidio fracasara.

«¡Ahora tengo todo lo que pueda desear!» — Helen no pensaba que alguna vez sería capaz de decir estas palabras. Sin embargo, estas se han convertido en realidad.

Por otra parte, hoy en día la mujer vive una vida plena. La falta de sus piernas, para ella, no es un obstáculo. Helen fue de nuevo a la universidad, y estudio criminología.

Además, la joven madre ayuda, como voluntaria, a recaudar dinero para las personas discapacitadas. Su amarga experiencia del pasado no destruyó su vida, y hoy la mujer vive contenta y feliz.

¿Qué opinas de la historia de Helen? Ojalá las personas que piensan que su vida ha caído al vacío, y buscan consuelo en el suicidio, se detengan un minuto a pensar en lo que podría suceder si no dieran ese drástico paso… ¡El futuro aun no está escrito! Comparte este mensaje en tus redes sociales. Tal vez, eso marque la diferencia.